56º Latitud Sur / de Castilla a Tierra del Fuego

Santa Fe 2023

56º Latitud Sur - de Castilla a Tierra del Fuego

Las mujeres en el Nuevo Mundo

[...]las mujeres fueron una parte integral en los viajes de los conquistadores españoles desde el principio. Cristóbal Colón no tomó mujeres en su primer viaje; sin embargo, fueron tres mujeres, dos Catalinas y una María, en su segundo viaje (1493) y en su tercer viaje (1497), Colón y su tripulación fueron acompañados por 30 españolas. Las mujeres experimentaron las mismas condiciones del barco, las dificultades de la expedición, y el temor a la muerte y lo desconocido como los hombres.

De hecho, en el siglo XVI, de los 45.327 viajeros a América registrados en archivos, 10.118 son mujeres; además, la población femenina constituyó casi una tercera parte de los pasajeros embarcados con destino a América entre 1560 y 1579

[...]las mujeres que salieron de España y viajaron a las Indias lo hicieron con “una mujer imaginada” en mente. Esta mujer imaginada era una imagen de fuerza y poder, una fusión de figuras mitológicas de las mujeres como las sirenas y las amazonas. Aunque estaban llenas de temor e incertidumbre, ellas salieron de su país de origen en busca de una oportunidad para redefinirse y cambiar como los hombres y de la forma en que eran vistas en la sociedad de esta época. Ellas arrancaron sus raíces para replantarse en el Nuevo Mundo.

Muchos historiadores dicen que los conquistadores españoles llegaron al Nuevo Mundo solos, y se mezclaron con mujeres indígenas o nativas. Aunque esto de hecho sucedió, no es toda la verdad.

En el siglo XVI, la inmigración femenina a Chile fue muy baja. Un censo realizado en 1583 por Alonso de Sotomayor estimaba que en Chile, existían 1.100 varones españoles mientras sólo había aproximadamente 50 mujeres (Primera Española en establecerse en Chile, Las investigaciones de Memoria Chilena). Para promover la emigración de las mujeres y sus familias, la corona de España reglamentó que los conquistadores que fueron a las Américas tenían que estar acompañados por sus familias.

En 1981 convencido Felipe II por Sarmiento de la necesidad de poblar y fortificar el estrecho de Magallanes con elementos y armas que sean necesarios para asegurar el cierre del tránsito de naves enemigas, se prepara una gran expedición de veintitrés barcos y unas tres mil personas entre colonos, soldados y marinos, entre los que figuran treinta mujeres y veintitrés niños

Tras dos años de viaje, en los cuales las experiencias de naufragios, robos, deserciones y conflictos mermaron el número de hombres, barcos y víveres, se produjo el desembarco de alrededor de trescientas personas en la boca atlántica del estrecho de Magallanes. El plan original que proyectaba la instalación de dos fortificaciones a cada lado del Estrecho fue reemplazado por la fundación de dos poblados. El primero cerca del lugar de desembarco, denominado Ciudad del Nombre de Jesús. El segundo llamado Rey Don Felipe, fue erigido después de una travesÌa a pie de más de 200 km realizada por alrededor de 100 hombres bajo el comando del Gobernador del Estrecho, Pedro Sarmiento de Gamboa

Tres años después de la fundación de las ciudades, en enero de 1587, una nave inglesa bajo el mando de Thomas Cavendish encontró a menos de veinte sobrevivientes. Embarcó sólo a uno de ellos llamado Tomé Hernández quien escapó al llegar al primer puerto español sobre el Pacífico e hizo su primera declaración oficial sobre lo ocurrido en las fundaciones del Estrecho ante las autoridades españolas, la cual fue repetida en 1616 ante el Virrey del Perú (Barros, 1978). Allí mencionó que la escasez de víveres, las dificultades para obtener alimentos, la adversidad del clima y la hostilidad de los grupos indígenas llevaron a los pobladores a la muerte. Al momento de ser embarcado por Cavendish unos pocos permanecían con vida "... quince hombres y tres mujeres porque los demás habían muerto de hambre y enfermedades que les sobrevino por la aspereza de la tierra y esterilidad de ella..."

Treinta mujeres y veintitres niños entre tres mil personas, es fácil imaginar las dificultades de su viaje en semejantes condiciones. No tenemos testimonio de ninguna de estas mujeres, a parte de que la condición social de estos colonos ya debía ser precaria de por sí, estudios arqueológicos a partir de los esqueletos humanos de estos pobladores hallados en el Estrecho sugieren que los pobladores habrían estado sujetos a importantes trastornos metabólicos nutricionales. Las distintas líneas examinadas sugieren que la malnutrición afectó a los pobladores a lo largo de su vida, durante su período de desarrollo y su adultez, indicando situaciones de estrés alimenticio previas al poblamiento del Estrecho. Estos procesos de malnutrición anteriores a la llegada a América se habrían profundizado con las condiciones extremas experimentadas en el Estrecho no permitiendo la adquisición de nuevos hábitos, en definitiva impidiendo que la flexibilidad garantizara la supervivencia.

Sí contamos con otros testimonios de otras mujeres con algo más de recursos y que lograron dejar huella en la historia, un ejemplo es el de Isabel de Guevara: “era tamaña el hambre, que, a cabo de tres meses, murieron los mill” (de mil quinientos hombres)

Por eso, la labor de las mujeres, que está narrada por Isabel de Guevara en su carta a doña Juana, princesa gobernadora, pero está silenciada por sus compañeros, adquiere todavía más importancia. En su carta, ella escribe:

Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los trabajos cargavan de las pobres mugeres; ansi en lavarles las ropas, como en curarles, hazerles de comer (...), limpiarlos, hazer sentinela, rondar los fuegos, armar las vallestas, (...) cometer á poner fuego en los versos, y á levantar los soldados, (...) dar arma por el campo á bozes, sargenteando y poniendo en orden los soldados; porque, en este tiempo, como las mugeres nos sustentamos con poca comida, no aviamos caydo en tanta flaqueza como los hombres.

Según Isabel de Guevara, las mujeres se encargaron de sus funciones habituales, y de las que normalmente hacían los varones, “sino fuera por ellas, todos fueran acabados”. Entonces, para lograrlo, debía de haber más mujeres presentes en la expedición del Río de la Plata. Ellas no solamente participaron en los quehaceres domésticos: lavando las ropas, curando los heridos, cocinando la poca comida que tenían, las cosas que los hombres esperaban que las mujeres hicieran; sin embargo, tomaron el papel de líderes en la conquista. En la carta de Guevara, ella dice que los artífices son de nuevo las mujeres, que han de suplir la falta de salud y ánimo de los varones: “fué necesario que las mugeres boluiesen de nuevo á sus trabajos, haziendo rosas con sus propias manos, rosando y carpiendo y senbrando y recogiendo el bastimento sin ayuda de nadie, hasta tanto que los soldados guareçieron de sus flaquezas”. La parte que dice “sin ayuda de nadie” es lo más importante porque demuestra que las mujeres hicieron estas cosas solas, y realmente fueron los hombres los que estuvieron ausentes, no las mujeres. Durante la expedición de Pedro de Mendoza, Isabel de Guevara fue una mujer que mostró su fortaleza física, sus trabajos y decisiones valientes, y su liderazgo frente a la adversidad y peligro.

Fuente original: El papel de mujeres españolas en la conquista y colonización de las Américas de Lucille J. Bisselle / La fortificación del estrecho de Magallanes: un proyecto al servicio de la imagen de la monarquía. Joaquín Zuleta Carrandi / Arqueología histórica en los confines del Imperio. Mariana E. de Nigris ° Maria Ximena Senatore

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